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“Un paisaje humano”, pinturas de Carlos Ferreiro

Cualquier artista que se enfrente a la blancura, bien sea de un folio o de un papel de dibujo, e intente plasmar sobre ella una caligrafía
o simplemente unos trazos, tiene ante sí un mundo infinito de posibilidades creativas. Lo negro sobre blanco siempre ha dado al escritor rienda suelta a su propio mundo, lo mismo que el dibujante con un lápiz ha sabido manchar una superficie para crear unos rostros que, en mi caso, bien podrían asemejarse a los imaginados mediante la escritura. Mi intención es que ambas disciplinas convivan armónicamente, que el negro que desprende una pluma o un lápiz sirva para aunar caligrafía con dibujo.
«No hay nada en el mundo que pueda compararse con un rostro humano. Es una tierra que uno no se cansa jamás de explorar, un paisaje (ya sea árido o apacible) de una belleza única. No hay experiencia más noble, en un estudio, que la de constatar cómo la expresión de un rostro sensible, bajo la fuerza misteriosa de la inspiración, se anima desde el interior y se transforma en poesía.
— Carl Th. Dreyer
